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sábado, 24 de septiembre de 2016

LA PRIMERA VEZ... ¡TRAVESTIDA!

Algunos de ustedes recordarán ese momento, esa necesidad... ¡Sí! ¡Necesidad! de usar ropa de mujer.

Ya tiene sus ayeres. Alguna vez mi madre salió con mi abuela a la calle, iban a tardar; era como la tercera o cuarta ocasión que me dejaban solo en casa; un departamento grande y viejo en la Colonia Roma de la Ciudad de México.

Cerraron la puerta,  ¡No le vayas a abrir a nadie! dijo mi madre, ya que mi padre estaba de viaje.

No mamá... respondí fastidiado y excitado de lo que pensaba hacer.

Esperé un rato, viendo televisión y literalmente: ¡Corrí a su habitación!

Abrí los cajones del tocador y comencé a revisar lo que había: pantaletas, medias, pantymedias, un corset, brasieres... Seleccioné varias prendas de cada una y abrí los cajones de mi abuela, que entonces tendría unos cincuenta y tantos años... ella tenía ligueros y medias.

Comencé a ponerme los calzoncillos de mis hermanas desde que tengo uso de razón, como a los cinco años sin saber por qué, simplemente recuerdo que me gustaba. Ahora había llegado el momento de saber qué se sentía usar todo.

Igual me masturbaba desde que tenía unos siete años; no porque supiera algo acerca de sexo sino porque descubrí una sensación riquísima por casualidad flexionando mis piernas con el pene en la entrepierna  en el pupitre de la escuela primaria y de ahí en adelante lo hacía prácticamente a diario.

Pero regreso al tema... Me desnudé, por completo; me puse las pantaletas primero. Eran color beige, como de nylon con un rombo de encaje al frente, eran  finas. Percibí en la piel el toque suave y delicado de la prenda, se erectó mi pene.

Tenía una sensación de "mariposas en el estómago", los sentidos al 100%, el pulso acelerado, ¡Emoción, excitación!

Continué con las medias; intuí que iban sostenidas por un liguero que hoy consideraríamos estilo "vintage", muy excitante, me puse un brasiere. Saqué una falda a la rodilla del ropero. Me puse unas zapatillas de tacón alto de las que a veces usaba mi madre en fiestas.

Me contemplé en el espejo... me gustó cómo me veía, las sensaciones de las medias, su textura en todas mis piernas, el liguero en mi vientre, el brasiere. Sentir el aire que entra bajo la falda... sólo sabe de lo que hablo aquél que lo ha hecho; es un estado de excitación superlativo...


Algo me sucedió, me sentí raro, muy diferente. No mal, al contrario. ¡SENTÍA!, asumo que así debe ser algo semejante a sentirse femenina. Me probé faldas, blusas, medias, pantymedias... fue una tarde de "exceso" de travestirme. Se me fue el tiempo "volando" hasta que consideré que no tardaría mucho en llegar mi madre, mi abuela y mis hermanas.  No resistí más y me masturbé. 

Cuando me masturbaba, fantaseaba con la ropa, con mis sensaciones, con mi imagen en el espejo, con mis piernas portando medias, con los tacones.... Eyaculé cono nunca antes, el semen dio en mi cara, me estremecí.

De inmediato tuve una reacción rara. De repente me arrepentí de todo lo que había hecho, tuve una súbita sensación de quitarme todo de inmediato. Arrepentimiento, rechazo, algo indescriptible pero fuerte. Ya no quería estar vestido de mujer.

Me quité rápido todo, volví a la seguridad de ropa de hombre; doblé todo y lo guardé tal cual estaba en los cajones y el ropero.  ¡Oh! había manchado con los "jugos" de mi pene y de tanta excitación la pantaleta de mi madre. La doblé y la guardé hasta abajo de toda su lencería.

De cualquier forma sabía que iba a volver a hacerlo y ahora estaría a la espera impaciente de cada vez que me quedara solo en casa.

¡Soy travesti!

Eli "V".




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